Un predio colonial que estaba abandonado fue recuperado por colectivos LGBTI, que convirtieron este espacio en su trinchera artística
En este espacio se practica arte en diferentes formas.GUSTAVO GUAMÁN
Byron Paste enciende la linterna del celular para reflejarse en un pequeño espejo pegado en la pared. Se hace dos trenzas en el cabello entrelazando unas cintas rojas. Coloca en su nariz una bola de plástico atada a un hilo elástico. Se pone dos collares decorativos. Busca entre la oscuridad un traje de colores que le luzca con sus tacones: “¡Soy la más payasa del grupo!”, comenta entre risas.
Se prepara para interpretar a Nina, una drag queen indígena. Dice que se cansó de que la mayoría simulara a las drags ‘gringas’ con sus cuerpos exuberantes y estéticos. “Me identifico con las mujeres con espaldas anchas, caderas fuertes y manos trabajadoras”, enfatiza.Byron afirma que mientras ha ido desarrollando el personaje se ha dado cuenta de que es una persona no binaria. Según él, no encaja en los patrones de un hombre o de una mujer, sino que fluctúa entre ambas sexualidades. “Soy una entidad diferente”.
Asegura que vive un proceso de deconstrucción y de descubrimiento a nuevas formas de relacionarse, así como se ha ido reconstruyendo la casa cultural a la que asiste a diario.Un conglomerado de colectivos recuperaron un edificio colonial abandonado ubicado en las calles García Moreno y Rocafuerte, frente al Arco de la Reina, en el Centro Histórico de Quito, y lo denominaron Emancipadx.
Queremos crear una comunidad que reconozca las diversidades sexuales y que cuestione la violencia de género”
Marcos Campoverde, coordinador de EmancipadxMarcos Campoverde, coordinador de la casa cultural, manifiesta que la idea fue ocupar la propiedad para generar procesos de vinculación con la comunidad en temas de sensibilización de violencia de género y diversidades sexuales, mediante el arte y la cultura.

danza aérea
La danza aérea es una de las prácticas más recurrentes.GUSTAVO GUAMÁN
Desde entonces, el edificio ha sufrido una serie de reconstrucciones para que funcionara el Ministerio de Economía y el Colegio Bolivariano hasta finales de la década de los 90, cuando se puso en venta. Luego quedó abandonado por más de 10 años… Sin embargo, llegaron ‘los emancipados artísticos’ y le dieron color y alegría a la estructura.
Durante los últimos cinco meses, los artistas independientes, mediante mingas comunitarias y autogestión, le han dado una identidad a este edificio de hormigón, ladrillo y madera corroída que parecía imperceptible para la gente.De a poco adecuaron espacios en los que se puede practicar danza aérea, teatro, clown, grafiti, dar talleres de radio, de poesía, cursos de artes plásticas, escénicas, conversatorios…
Las paredes han sido grafiteadas o adornadas por artistas que pretenden colaborar en la construcción de una comunidad que reconozca la diversidad sexual y que cuestione las relaciones de violencia.En el segundo piso, por ejemplo, donde antes funcionaban oficinas administrativas, Andrés Muñoz pintó un mural en el que se ve el rostro de una joven mirando al espacio. “Trato de representar a la mujer en un estado de éxtasis corporal.
En un orgasmo cósmico”, detalla.Las molduras de cemento con formas humanas y los balcones fueron adornados con mensajes que reivindican la lucha de los colectivos LGBTI: “Somos lxs profxs de todxs lxs chicas y chikes que ya no podrán violentar”, dice uno de estos.En la actualidad se ha intervenido el 40 % de la propiedad, señala Campoverde, y se ha convertido en un escenario propicio para que transexuales, gais, lesbianas y de otras disidencias sexogenéricas, como Derly Cuenca, se sientan a gusto y construyan su identidad sin ser perseguidos, juzgados o discriminados.
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